Sabes, estás dentro del cuento…Un verso de gratitud debemos escribir y crear por la vida, aunque sea lo único que salga de nuestra inspiración. No hace falta ser poeta, ni literato.

 Si estamos aquí dejando con nuestros actos la huella de creación individual y colectiva, es justo y meritorio no olvidar que somos una de las maravillas del gran misterio.

Usted póngale a la experiencia que protagoniza el nombre que para usted sea el más sagrado.

Vivimos componiendo ordenando, buscando a veces con seguridad y otras veces a tientas lo que somos, lo que no somos y lo que seremos.

El mejor acto de curiosidad es el que nos lanza a cuestionar en nosotros quienes somos.

¿A usted vivido alguna vez la experiencia de conocerse a si mismo a través de alguien a quien admira? Ya sea un amigo o por un libro le guiñó el ojo y cuando le hizo caso al libro lo abrió, y dentro de su contenido apareció lo que usted estaba buscando? A mi me pasó un día, durante mi búsqueda por el sonoro mundo de la música cuando conecté con el arte cancionero de la inmensa cantora chilena, Violeta Parra.

Era la década del 70, todavía para ese momento los milicos gobernaban con mano recia y macabra los destinos de la América Latina. Escuchando su canción Gracias a la vida, reconocí en el arte de Violeta de todos mi cantor interior. Descubrí el cantor que deseaba ser pero que todavía me faltaba mucho por conocer. No pude controlar los impulsos que me inquietaban el conocer mejor la vida de la protagonista de tan bellísima canción.

Hice un concierto que titulé Gracias a la Vida, en Casa de Violeta Parra,  en honor a ella.

Se presentó en el ya desaparecido Teatro Silvia Rexach.

Aquella velada musical fue una de mis mejores decisiones. El concierto fue éxito. Violeta Parra fue su propia canción. Yo aprendí con ella que yo también.

Lo mismo cuando conocí a Mario Enrique Velázquez de quien he cogido prestado su frase, Yo soy mi propia canción, para describir lo poderoso de un encuentro con seres y circunstancias u objetos que nos transforman la vida y nos la encaminan hacia rumbos nuevos. 

Sabes, estás dentro del cuento y si deseas cambiar para hallar en el lo que todavía no encuentras, no pierdas tu norte, no te rindas, no claudiques por que no te comprenden, lucha, date a respetar, escribe, o deja tu rúbrica con actos de gran bondad y respeto por los demás, y canta o grita a los cuatro vientos: Gracias a la vida que me ha dado tanto...

Que mejor manera amigos de terminar este cuento  con ustedes, compartiendo el programa del concierto del que les he comentado.

Son recuerdos hermosos y ellos como Violeta Parra, no mueren, solo cambian de voces y en ellas se van a vivir al otro lado de la sonoridad de los que cantan o tatararean sus emociones.

Si desean más de este cuento, en otro capítulo si a así lo piden continuo...

 Feliz tiempo de renovación.  Danny Rivera

 

 

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