Reseña: “Obsesión”, Nuevo Disco de Danny Rivera y Nelson González

(Escrito para Marmara House Projects. El disco sale al mercado el 25 de marzo de 2014.)

De un tiempo para acá he perdido la costumbre de escuchar música. Ha sido un desplazamiento progresivo incitado por querer arrinconar de alguna forma la terrible nostalgia que me provoca escuchar desde la diáspora el repertorio musical puertorriqueño. Pero entonces me suceden cosas inesperadas. Me piden que escriba una reseña de “Obsesión”, el nuevo disco de boleros de antaño del extraordinario cantante Danny Rivera y el insuperable guitarrista del tres, Nelson González. Y confieso que con la misma facilidad con la que me he pensado invencible, he sentido un tranque total de garganta. Apenas escuché a Danny Rivera cantar dos o tres versos y a Nelson González rascar las cuerdas del tres, se vinieron abajo todas las estructuras que he construido con los años para escudarme de tales sentimentalismos.

“Obsesión” es una de las pocas compilaciones de bolero que conozco que se escucha sin empalago. Adquiere un tono de emoción elegante y tenue, en absoluto subrayada ni explotada, que pocos discos me han transmitido. Los 11 boleros que integran el disco son íconos del cancionero del mundo hispanoparlante. Son canciones que han sido grabadas innumerables veces. Sin embargo, Danny Rivera y Nelson González las interpretan con tal delicadeza y sensatez que logran que uno se estremezca como si fuera la primera vez que las escuchara.

Lo más escalofriante de “Obsesión” es que testimonia la ganancia espiritual que confiere el disfrute de las amistades. El disco es el resultado de encuentros esporádicos entre Danny Rivera y Nelson González durante un período de doce años, y valga decir que el disco fluye con tanta espontaneidad que jamás pensarías se grabó de forma fragmentada. Danny y Nelson han hecho arte, juntos y separados, con todos los grandes de su época. En este disco, el modo en que estos músicos se entienden, se complementan, se despersonalizan el uno al otro, y se singularizan el uno mediante el otro; en suma, la forma en que hacen juntos música, le para los pelos a cualquiera.

El disco cuenta con la participación de grandes músicos: los pianistas Chucho Valdés y Arturo O’Farrill; el bajista Andy González; el fallecido maestro de la percusión, Manny Oquendo; los guitarristas Rafael Scharón (en el requinto) y Martin Rojas; el violinista Federico Britos; el trompetista Carlos Abadiel; el flautista y saxofonista Ricardo Pons; el bandoneista Sergio Eduardo; y en las cuerdas, Raymond Torres. Uno pensaría que estos músicos buscarían dominar el espacio auditivo, aunque fuese por un ratito. Pero curiosamente, el tres de Nelson y los demás instrumentos nunca compiten con el timbre dulce y lírico de la voz de Danny. “Obsesión” se escucha con tal naturalidad que a nosotros los mortales nos queda la impresión que su grabación fue inevitable.

Hoy en día la crítica musical se deslumbra por quienes entregan espantos pretenciosos, transgresiones de apariencia y grandilocuencia. Se premia y ensalza a gente y música vacua. Al lado opuesto de ese espectro están Danny Rivera y Nelson González con su nuevo disco “Obsesión”.

Llegar a la cima del espíritu en el arte es lo que permite que tal disco exista. No es el virtuosismo en el instrumento, ni el ingenio, sino la amistad, el entendimiento y la bondad compartida. Debajo de las melodías yace un diálogo entre amigos. Y pienso que el bolero se presta mejor que muchos otros géneros musicales para ese intercambio. El bolero, por el sentimiento de familiaridad que provoca, es una de las bases comunicativas más conmovedoras. En el bolero existe un compromiso total con la complejidad melódica y la armonía íntegra. Escuchar y bailar boleros de loseta es un rito de remembranza y una estrategia de sobrevivencia cotidiana.

He escuchado decir que Danny Rivera nació para cantar. Eso es cierto, pero no suficiente. Yo pienso que Danny Rivera nació para cantar y para darnos esperanza. Su carrera cumple 50 años en 2015 y esta grabación con Nelson González en el tres es una gran celebración de su talento y cariño. “Obsesión” deja ver que Danny se siente muy bien consigo mismo. Su voz convive en su persona. Y a mi me encanta, porque a Danny nunca se le han ido los humos a la cabeza. Más bien, cada día parece tener más claridad de propósito. Siempre da la impresión de estar consciente de sus raíces y de tener un gran sentido de responsabilidad hacia los demás.

Es alucinante cuán poderosa y vital es la cultura. “Obsesión”, que no es sólo un disco sino una experiencia, es cultura en su máxima expresión. “Obsesión” es lo que ocurre cuando apreciamos la buena música: los recuerdos se agolpan, el tiempo se comprime, de pronto no hay distancia entre el presente y el pasado. Así, escuchar este disco me ha obligado a reconocerme como parte de una cultura de la que no puedo huir. Vivir lejos de mi país no ha podido desconectarme de lo que soy. La música es una forma necesaria de enfrentarnos a nosotros mismos y no tengo duda que este disco será pieza de colección para los que se han quedado, pero también, para los que tuvimos que irnos.

21 de febrero de 2014

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