Sabes, estás dentro del cuento... y en este cuento la fiesta de la muerte ha estado nutrida de deudos llorosos y sonrientes. La fiesta se organiza sola cuando del alto cielo su majestad, el misterio y Dios llama a sus hijos para que empiecen a llegar a sus dominios.

El truco de esta fiesta solo lo conoce su anfitrión.

El hala sus hilos posiblemente plateados y amarrados a su ceno y en su regazo para en un zigzag inimaginable. 

Llevarse a los más amados nos arrebata las almas más arraigadas a nuestro ser íntimo.

En estos últimos días he tenido que asistir a esta imprevista fiesta dos veces en una misma semana y los ausentes que pasaron al otro lado, dejaron en los asistentes, un sabor entre amargo y agrio, aunque por momentos, algunas anécdotas narradas con jocosidad aflojaban nuestras tenciones perturbadas por la impotencia de saber que nuestra asistencia a esta fiesta de la muerte es obligatoria.

Cuando el uno sin segundo llama y convoca para romper nuestro ciclo y tiempo en la tierra ya no hay vuelta atrás.

Estamos a merced del mosqueo de la vida. Aunque vivamos quebrantos y desilusiones preferimos quedarnos atados a ella antes de tener que obedecer a ese llamado de la fiesta de la muerte.

Muchos hermanos menos optimistas y faltos de fe que yo aseguran que al finalizar este cuento ya termina todo y no hay más que decir ni contar ni cantar. Yo difiero de ellos. Yo me siento feliz creyendo que esta fiesta de la muerte es el preámbulo de una fiesta mayor y una verdadera vigilia sublime con la esencia de la creación.

Es un gran paso, una ruta directa para a el espacio y tiempo de una dimensión donde se terminan las interrogantes. Es otro acomodo a un vientre de la imaginación sin fronteras que nos inspira para ir creciendo nuevamente hacia la continuidad de la energía: la fiesta de regreso a la realidad sin tiempo que contrario a la fiesta de la muerte tiene sonoridades lumínicas.

Lo intuyo como el sonido que debe producirse del impacto de una rayo de sol con una noche estrellada en plenilunio. Nunca he visto este fenómeno astronómico pero debe ser un espectáculo digno de vivir e igual que es digno de tener la experiencia de cuando nos toque asistir a la fiesta de la muerte e ir con la absoluta convicción que vamos a otro nacimiento, donde, sufrir, llorar, cantar y abrazarse son recuerdos del otro tiempo que quedó en la memoria perdida de los vivos.

La vida es una fiesta y aquí festejamos cantando, sufriendo, llorando, maldiciendo, combatiendo lo injusto y compartiendo lo justo como buenos discípulos del amor.

Es bueno pensar que para llegar a purificarnos y a descontaminarnos de la fiesta de los mortales el anfitrión que se divierte con su actividad de creación nos da de baja para que a su lado haya vida eterna.

Y si esto no fuera como lo pienso, que importa, total, este cuento no tiene que ser perfecto. 

Danny Rivera

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