Sabes estás dentro del cuento...

El presente en esta isla que adoro, es intensamente confuso. ¿Cómo expresar lo que uno siente o lo que el pueblo piensa, con un lenguaje que sea optimista, si la realidad social política, espiritual que enfrentamos es demoledora?  

Somos una sociedad acorralada en sus libertinas corrientes de pensamientos. Un ego aterrador tiene a la población puertorriqueña, añorando un mejor tiempo que no se asoma por ningún sitio del lar borinqueño.

Cuando decide buscarlo lo hace confundiendo las prioridades con las frivolidades. Ganar optimismo cada mañana que salimos a enfrentarnos al ruedo de la batalla radial, televisiva y periodística que nos drena tanta energía que debilita nuestra salud física.

Nuestros oasis de la farmacopea Walgreeniana son la alternativa y donde acude más de la mitad de la población para buscar sanación y calma. Los efectos secundarios de estos oasis que están poblando la isla, aumentan y no sacian la sed, ni calman los nervios que lleva el ciudadano. Por el contrario, una especie de locura colectiva disfrazada de cordura, se manifiesta en la calle, en el supermercado y en los centros de diversión.

La ansiedad explota y los asesinatos, el robo, los suicidios, la violencia doméstica y el abuso se magnifican. Podría yo escribir de mi amada isla y de mi familia boricua con otras ideas, obviando lo que nos molesta, lo grotesco. Sí creo que puedo. 

Estoy esperando la hora para ver el juego de pelota entre República Dominicana y Puerto Rico.  Este es un mejor oasis para mí, lo prefiero más que los químicos que receta el doctor cuando el paciente le dice que necesita tener controlado sus nervios. Yo ahora estoy relajado porque mi mente, por una hora y media, va a disfrutar el juego entre rivales caribeños, que nos ponen los pelos de punta.  

Hoy me preguntaron, “¿Danny, a quien le vas en el juego? Y le respondí, “A Puerto Rico. Y también le dije al amigo, “puedes estar seguro que si República Dominicana estuviera jugando o compitiendo con otro team, sin duda iría a mi otra patria”.

El deporte trae sanación, especialmente cuando luego de la contienda o del partido, salimos abrazar al otro contendiente, a sonreírle y a decirle gracias, “fue un honor competir contigo”.

Pensando en el lenguaje que debo usar para relatar y compartir mis pensamientos con los lectores, me doy cuenta que estas dos maravillosas islas, República Dominicana y Puerto Rico, ambas han pasado por los grandes problemas de la vida. Cuando sufre una u otra yo también sufro y cuando ellas gozan y se alegran, yo siento júbilo. Luego del juego de pelota entre boricuas y quisqueyanos, la realidad volverá azotarnos sin piedad. Aun así, la vida es mucho más que un juego, y si fuera un gran juego, no deberíamos olvidarnos que, ganando se pierde y se pierde ganando. Este contradictorio pensamiento, es un juego de palabras que solo busca con la acción luchar para vencer los grandes obstáculos del juego de la vida.

Danny Rivera

                                                           

 

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