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Esteban Santiago cometió un error gravísimo. Y es verdad que se apoderaron de su mente los fantasmas asesinos que la guerra inyectó en su conciencia. Esos malditos espíritus diabólicos lo sometieron a la locura de matar a personas inocentes en el aeropuerto de Fort Lauderdale en Florida. Podrá caer sobre él la pena de muerte. ¿Cómo, quiénes y cuáles circunstancias ayudaron a dañar la mente de un jóven de 26 años, quien a tan poca edad ya ha vivido los efectos de la guerra y la persecución psicológica del poder bélico inhumano?

En un abrir y cerrar de ojos, Esteban Santiago es una víctima que se convierte en asesino. Posiblemente Esteban Santiago buscaba que lo atendieran y que le prestaran atención. Y lo logró de una manera nefasta para él, su familia, sus amigos y para toda la sociedad.

Esteban está viviendo un estado de shock continuo como muchos otros ex soldados que han estado en el frente de batalla, y que han sido ignorados por el sistema cuando piden ayuda para mejorar y sanar su estado de salud mental y físico. El horror de la muerte los persigue y trastorna su percepción de la realidad en que viven. Debe ser terrible cuando esos flash back irrumpen en sus vidas. Debe ser difícil sentirse tan asustado, nervioso y acorralado por las experiencias vividas en la guerra. Las mentes de estos jóvenes se deterioran y se confunden luego de experimentar el acto de matar a otro que en la guerra es un supuesto enemigo y que no fue seleccionado por el soldado. El soldado solo obedeció órdenes para salir a matar. Este jóven, Esteban Santiago es una amarga metáfora de la causa y el efecto del bumerang de la guerra que se traspasa al soldado cuando es entrenado para matar ó asesinar con licencia bélica.  Las atrocidades que vivió dañaron su mente. Sufre de temores, de dolores, desorientación sicológica, rencor, coraje y frustración. Posiblemente Esteban fue engañado cuando le dijeron que la guerra crea héroes y que él podía ser uno de ellos al pelear por la democracia, por la justicia y la paz. Esteban entendió y se creyó el cuento que hallaría el heroismo enlistándose en las filas del ejército de los Estados Unidos de América.     

Se puso el uniforme, aprendió todas las mañas de la inteligencia bélica para asesinar a otros seres humanos, que desde su idea buscan también la felicidad, solo que ahora Esteban está en la mirilla mundial del desprecio por dejarse dominar por los espíritus malos que le inculcaron los mercaderes de la guerra.

Tratando de ver más allá de lo que escribe, me imagino que en el momento de lo sucedido, su tiempo y espacio emocional y síquico se nublaron y se dijo a si mismo, “esta es la guerra, estoy en ella y todos los que viven a mi alrededor son mis enemigos, dispara”. Le dijeron sus espíritus diabólicos bélicos y luego cálmate. 

En ese momento todo a su alrededor se desplomó, las victimas que cayeron al suelo por las balas que disparó y se desplomó él, el ser humano, soldado, ciudadano de la nación más bélica del planeta. Y, talvez, hasta ese momento, sintio orgullo de ser parte de la milicia y pasaron unos segundos antes de convertirse en soldado asesino que le arrebató la vida a inocentes.

Esteban Santiago es el protagonista de unos hechos que se repiten a diario por todo él mundo. Las guerras extendidas, organizadas y creadas por un poder económico que busca afanosamente a jóvenes como Esteban para que hagan la parte sucia de su egoismo depredador e inhumano. 

Si Estaban muere en la silla eléctrica, aún así será repudiado por la gente, en su ataúd le pondrán una bandera americana bañada de sangre inocente y estrellas y un expediente militar deshonorable.

Ahora yo pienso. Quién llevará algún día a la pena de muerte a los des honorables que organizan guerras en el mundo mintiendo en nombre de la democracia, la paz y la justicia ¿Quién se atreverá a hacerlo?

Hechos como los que cometió Esteban ocurrirán en otros momentos.

Padres y madres, porqué siguen creyendo el cuento de la guerra y porque dejan que sus hijos, soñadores en la búsqueda de la felicidad como tú y como yo, se metan en la mentira de la guerra y los transforme en los monstruos de un sistema que mata y denigra los sueños de una mejor sociedad. Padres y madres, la guerra es un bumerang y cuando éste da la vuelta impacta en los inocentes.

Paz y sosiego para las familias de los inocentes que cayeron muertos y para los heridos. Es aquí cuando el perdón puede aplacar la ira, pero también pido que ustedes lectores no solo se atrevan a juzgar a Esteban Santiago. Atrévanse también a poner en el banquillo de los acusados a los que convirtieron en asesino a Esteban Santiago y le pusieron un uniforme de soldado.

Danny Rivera

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