Sabes, estás dentro del cuento...Mi hija Soldanela me ha solicitado que traiga

a este cuento la memoria de mi padre, su abuelo.  

“Mi viejo” como yo le llamaba fue pintor de brocha gorda, obrero, pintor, soñador… en fin, “un buen tipo”, como canta así la canción del gran compositor Argentino, Piero, y que yo con mucho orgullo y pasión he cantado en las últimas tres décadas.

He accedido a escribir, aunque les confieso: Los últimos acontecimientos en el mundo en relación al comportamiento de la sociedad humana, me ha espantado la Musa. Sin embargo aquí estoy escribiendo lo que me pide mi hija, y decido optar ante el desgano por una de las aptitudes fenomenales del viejo Ismael Rivera: mi hijo, al mal tiempo buena cara y no permitas que nada te destrone.

Mis amados tres primeros hijos tuvieron la dicha de compartir con su abuelo jocosas y alegre veladas y experiencias de cuentero mayor, una costumbre que parece haberse perdido con la prisa violenta del tiempo en que vivimos.  

La personalidad del viejo fue hasta sus últimos días la de querer compartir la amistad con todos los  amigos, familiares y conocidos y los acabados de conocer. Nadie se quedaba sin tener un tiempito con el.

Don Isma ya caminaba lento y en su velocidad le gustaba su conversatorio o cavilaba en sus pensamientos su nostalgia del Ponce que dejó de niño para vivir en la capital.

Sentados en el balcón de la casa amable y llena de rumores orgánicos un hermoso silencio entre él y yo nos acompañaba. Aprendí en su compañía a celebrar y respetar los silencios. Cuando el rompía el ritual del silencio decía: Daniel, hijo, no es vivir, es saber vivir...

Muchos familiares cuando lo dejaban de ver por tiempo y en especial personajes de la familia extendida, los buenos amigos, lo llamaban por  teléfono para conversar. Cuando los amigos me preguntaban por él, yo me llenaba de orgullo por los comentarios que constantemente me compartían: “tu viejo es bien chévere, Danny, nos gusta conversar con él y además nos reímos mucho con su sentido del humor”.

Yo estaba seguro que llegaría a pasar los cien y la vida nos sorprendió a todos, como siempre pasa, se detuvo su andar y su respirar a los 98 años. No me sentí mal por que no alcanzara los cien,  para mi Don Isma y lo que me dejó como padre es la verdadera cronología por que lo que dejó lo eternizó en buenos ejemplos.

Fue coqueto, galán y sabía mucho de colores. Se vestía con gran colorido, combinando los colores de los zapatos con el sombrero y la corbata con el traje y la camisa. Creo que por eso pudo conquistar a doña Sabina mi madre, la que luego de partir jamás sustituyó.

Un día mientras saboreábamos el silencio en el balcón de la casa en Güavate le pregunté a mi viejo:  ¿Por qué no se busca usted otra pareja? Y me dijo, "no es necesario, sé que nunca habrá alguien como Sabina. Además yo sigo con ella.” El silencio se impuso y comprendí el amor que sentía y sintió mi padre por mi madre.

Estas anécdotas de la realidad vivida por este servidor, es para mí una canción hermosa llena de los mas íntimos sentimientos del regocijo de haber tenido un padre como mi viejo.

A los que están compartiendo conmigo este escrito, les exhorto que sigan mejorando el legado que el padre ha dejado en sus vidas.

Sabes, a todo los padres, los felicito, les deseo salud y gran longevidad sana y llena de amor familiar...

Feliz día de los padres,

Danny Rivera

 

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