(Fotografía de Marisol Díaz)

 

Amigos de las redes, este pasado 8 de mayo, Día de las Madres me presenté en el Lehman Center for the Performing Arts y la primavera en Nueva York propició que se llenara el teatro y todo el público que fue a vernos a Sophy y a mí actuar cantó, bailó. Cantor y público se abrazaron al calor sonoro de valses, boleros, aguinaldo jibaros y entre aplausos y gritos de peticiones de canciones favoritas, la noche primaveral nos llenó de su energía y la misión se cumplió. 

Nadie dude que nuestra identidad de antillanos, caribeños e hispanohablantes somos en los Estados Unidos la nueva Latinoamérica que emerge y se multiplica a pesar del discurso racista del candidato republicano Donald “Duck” Trump. Con perdón a el Pato Donald si he usado su nombre para compararlo con una especie tan baja como su tocayo candidato a la presidencia de la nación del American Dream.

Al verme rodeado de mi gente, el público leal y de amigos entrañables sentí deseos de ir a visitar altares y hermanos que representan mi identidad con guapura bullanguera y pasión Boricua, Quisqueyana y Cubana. 

Mi primera parada la hice al Teatro Pregones y ahora Pregones/Teatro Rodante Puertorriqueño, y un espacio de todos los latinos del área de la nación del Bronx y mi Alma Mater teatral. Fui a disfrutar de la propuesta teatral más reciente en cartelera, The Desire of the Astronaut (El deseo del astronauta), escrita por Alvan Colón Lespier, director artístico asociado junto a su amada esposa y mi hermana Rosalba Rolón.

La obra es un formidable acierto. El público de toda la zona del Bronx y de cualquier parte de las zonas limítrofes debe llegar al Pregones a verla. Si es usted amante del teatro y mantiene su mente y su espíritu en la búsqueda del propósito de la vida, reserve un espacio y pase a ver The Desire of the Astronaut.

Es agradable y sorpresivo llegar a Pregones y ver a actuar a nuestros actores y actrices demostrándonos su formidable talento. Esta vez confieso que al ver El deseo del astronauta quedé impactado mucho más que en otras ocasiones.

No recuerdo haber experimentado en teatro las emociones que me causó la obra. No fue solo su trama, o el drama que vive el protagonista Esteban, el astronauta de la NASA nacido en la ciudad de Manhattan y de sangre y estirpe puertorriqueña, lo que me elevó emocionalmente del asiento fue la música de Desmar Guevara, el director musical de Pregones. Para mi ese trabajo es de las mejores de todas las demás composiciones que ha creado Desmar. Sonidos sublimes y profundos cónsonos en letra, corazón en alma con la dramaturgia.

Aparte del banquete teatral que llenaron mis ojos y oídos tengo que dar crédito al texto del escritor, Alvan Colón-Lespier por su respetuoso atrevimiento intelectual teatral de proporciones universales y un reto para los actores, los músicos y para el público, pero la magia del sonido convence.

Cuando las imágenes de la pantalla corrieron me recordaron algo de la sonoridad de aquel inolvidable fílmico 2001: Una odisea en el espacio de Stanley Kubrick. 

Vayan a ver la magnífica obra El deseo del astronauta es un viaje inolvidable que si lo miramos desde el prisma de esa idea del Sueño Americano debemos afirmar que el protagonista vive en la NASA y en momentos camina del brazo con su abuelo por Central Park, ambos mirando las estrellas, el abuelo orgulloso de escuchar al nieto afirmarle, “Abuelo, yo voy a ser astronauta”. El abuelo le contesta, “Si hijo, te creo, y no olvides que cuando subas a las estrellas como un gran astronauta, no olvides quién eres. Eres un ciudadano del mundo nacido en Manhattan y de estirpe puertorriqueña porque te aseguro hijo que si ya sabes lo que deseas o quieres ser en el futuro y no tienes dudas quién eres, ya has encontrado tu propósito de la vida”.


Estás dentro del cuento,

Danny rivera

 

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