Danny Rivera - Cantante

Aunque le llaman “la voz nacional de Puerto Rico”, el estilo de interpretación deslumbrante y apasionado de DANNY RIVERA es conocido y apreciado en todo el mundo hispanoparlante. En América Latina, ha sido un rostro familiar en la televisión desde 1968. A lo largo de una carrera que en 2015 llega a su cincuentenario, ha grabado más de setenta álbumes y es el único puertorriqueño que se ha presentado y agotado entradas en el Carnegie Hall en cuatro décadas distintas (1979, 1989, 1999, 2010).

DANNY RIVERA tuvo el más humilde de los orígenes, en una de las zonas culturales más profundas de la tradición afropuertorriqueña: Santurce, hogar de muchos de los músicos más populares de la isla y hoy parte de la moderna área metropolitana de San Juan. Nacido el 27 de febrero de 1945, en el barrio de 23 abajo, nombrado por una de las paradas de una línea de tranvías que hoy ya no funciona, Danny tuvo sus primeras experiencias con el canto en el coro de una iglesia evangélica y en los bares de su barrio, al son de los barriles de bomba, el vínculo más intenso que el país conserva con la época de las plantaciones y de los esclavos.

En 1968, hizo su primera aparición profesional como cantante junto a una big band, en el Hotel San Juan, junto a la orquesta de César Concepción, la mejor de su época. Los festivales de música televisados son importantes semilleros de talento en América Latina, y luego de que en 1968 Danny fuera elegido como la Revelación del Año en un Festival de Popularidad, las apariciones televisivas hicieron que su cara pronto fuera conocida. De la mano de un repertorio fundado en el bolero, sin dejar de prestar atención a los movimientos más progresistas de la canción, se convirtió en una figura emblemática de la bohemia de los años setenta, que solía congregarse en el club nocturno Ocho Puertas del Viejo San Juan.

A su debut discográfico en 1968 (“Amor, amor”, junto al grupo The Clean Cuts), siguió una sucesión de éxitos, entre los que se cuentan “Porque yo te amo”, “Fuiste mía un verano”, “Manolo”, “Mi viejo”, “Yo y la rosa” y “Va cayendo una lágrima”. En 1971 tuvo un enorme éxito con una versión de la canción “Jesucristo”, de Roberto Carlos, al que siguió el año siguiente el álbum Mi hijo, que incluía dos de las canciones más importantes de su carrera: “Tu pueblo es mi pueblo” y “Amada amante”.

Hurgó en las ricas raíces de la música portorriqueña, algo bastante inusual entre los artistas pop latinoamericanos. En 1980, firmó contrato con la importante discográfica venezolana TH; los álbumes que realizó allí han alcanzado la consideración de clásicos, contándose entre ellos Alborada, Serenata (que incluye una canción emblemática de su carrera, el “Madrigal” de Don Felo) y Danza para mi pueblo, un disco de danzas portorriqueñas. Luego fundó su propio sello, DNA, con el que produjo, entre otros títulos, Así cantaba Cheíto González, volúmenes 1 y 2, y un álbum de baladas de Tito Rodríguez, Inolvidable Tito. El 15 de septiembre de 1987, su concierto a dúo con Michel Camilo Danny regresa a Ocho Puertas en el Centro de Bellas Artes de San Juan tuvo un éxito espectacular. 

A medida que su obra fue adquiriendo mayor conciencia social, espiritual e histórica, continuó grabando y haciendo giras internacionales, pero comenzó a sentirse cada vez menos en sincronía con la industria musical latina. A fines de los ochenta, firma contrato con Sony Music y graba el exitoso álbum Amar o morir, como así también Subiendo y bajando, con Gilberto Santa Rosa. Pero los proyectos sociales comenzaban a insumirle cada vez más de su tiempo.

Tan sólo enumerar todas las iniciativas educativas, sociales y de paz a las que Danny ha prestado su apoyo y su energía excedería el espacio del que disponemos aquí. En el verano de 2001 se convirtió en noticia internacional, por pasar treinta días en la prisión federal estadounidense de Guaynabo, Puerto Rico, acusado de desobediencia civil por participar de una manifestación demandando el retiro de la Marina Estadounidense de la isla portorriqueña de Vieques. Ese mismo año, el diario que llevó en la cárcel y los poemas que escribió allí fueron publicados en el libro Enamorado de la paz: diario en la cárcel federal.

Su compromiso con un estilo de canción capaz de expresar no sólo el amor personal, sino también el amor social, lo condujeron naturalmente a Cuba, país que ha visitado a menudo. En 2004, inauguró la Cátedra Internacional de Artes Plásticas y Música de La Habana. En colaboración con la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), realizó un documental acerca de los rastros culturales portorriqueños en el este de Cuba, publicado luego como un libro, bajo el título Ecos boricuas en el Oriente de Cuba. En 2008, fue hecho ciudadano de la República Dominicana en reconocimiento por su obra con los “dajaos”, el pueblo del área de Dajabón, que abarca de la frontera que separa a la República Dominicana de Haití.

Cantó “Madrigal”, “Tu pueblo es mi pueblo” y “Amar o morir” frente a 1.150.000 personas en La Habana (casi todas vestidas íntegramente de blanco) en el concierto Paz Sin Fronteras, organizado por Juanes en 2009. El concierto fue visto en todo el hemisferio y Europa por cientos de millones de televidentes y espectadores conectados a Internet, en lo que fue la mayor transmisión de música latinoamericana de la historia.

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